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¿Y si no fuera solo cansancio? Lo que revela la psicología sobre la vuelta a la rutina

Volver a la rutina tras unas vacaciones debería sentirse como un aterrizaje suave. Pero para muchas profesionales se parece más a un choque: cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarse y esa nostalgia o “bajón” que no termina de irse. Si te reconoces en esto, este artículo te explica qué está pasando en tu cuerpo y en tu cerebro, por qué no está “todo en tu cabeza” y qué puedes hacer.


¿Qué es realmente el “síndrome” o la “depresión” post-vacacional?


No existe hoy un diagnóstico oficial y unificado que lo clasifique como un trastorno clínico independiente; más bien la literatura científica lo aborda como una reacción de ajuste ante el cambio de rutina: una respuesta humana y esperable cuando se pasa de un periodo de recuperación a las demandas del trabajo y la vida diaria. Esto no significa que no sea real o que deba minimizarse ya que sus efectos pueden afectar la productividad, las relaciones y el bienestar en general.


¿Qué nos dice la neurociencia y la investigación reciente?


Las vacaciones sí producen mejoras medibles en el bienestar —menor estrés, más afecto positivo— pero esos beneficios suelen ser temporales: muchos estudios muestran que, semanas después del regreso, los indicadores vuelven a la línea base previa. Es decir: el “subidón” de desconexión tiende a disiparse si no se mantienen estrategias concretas.


Desde el punto de vista neurobiológico, dos mecanismos son clave:

  1. Recuperación mental (desconexión): nuestro cerebro necesita periodos donde la rumiación laboral disminuya para restablecer la capacidad atencional y emocional. Cuando no desconectamos de verdad —correos, pensamientos laborales persistentes— la recuperación es incompleta.

  2. Ritmo circadiano y sueño: cambios en el horario de sueño y en la actividad diaria durante las vacaciones modifican nuestro reloj biológico. A la vuelta, la readaptación del sueño es uno de los factores más predictivos de sentir fatiga, irritabilidad o baja concentración. Estudios recientes que monitorizan sueño y actividad muestran una correlación clara entre la reversión de esos ritmos y la aparición del malestar post-regreso.


¿Quién está en mayor riesgo?


Aunque cualquiera puede experimentar este malestar, los factores que aumentan la probabilidad son: haber acumulado estrés laboral antes de salir, insatisfacción continuada con el trabajo, expectativas idealizadas de las vacaciones y no haber logrado desconectar mentalmente durante el descanso. Las condiciones laborales —horarios rígidos, falta de permisos o una cultura que no permite desconexión— también predisponen.


¿Cuánto dura y cuándo debes buscar ayuda profesional?


Para la mayoría de las personas los síntomas son transitorios: unos días a un par de semanas mientras el cuerpo y la mente se reajustan. Si el malestar persiste más allá de dos semanas, empeora o se acompaña de tristeza profunda, pérdida de interés sostenida, problemas para dormir de forma prolongada o ideas autocríticas importantes, merece nuestra atención: puede tratarse de ansiedad, un trastorno del ánimo o la señal de un burnout que necesita intervención.


Estrategias prácticas, basadas en la evidencia, para una readaptación más amable


Regula el sueño antes de volver: 3–7 días antes, comienza a ajustar tus horarios a los que tendrás en casa/oficina; volver gradualmente ayuda a tu ritmo circadiano.


Haz una desconexión real durante las vacaciones: establece límites claros (horarios de no-revisión de correo, mensajes fuera de horario) para que la recuperación sea más profunda.


Planifica el regreso: evita agendar el primer día con tareas críticas. Dedica la primera jornada a priorizar y dejar espacio para la readaptación. Las organizaciones que permiten regresos escalonados ven menos malestar entre su plantilla.


Mantén micro-momentos de autocuidado post-vacaciones: reserva actividades placenteras semanales (deporte, paseos, lecturas) que “sostengan” parte del beneficio que lograste en vacaciones.


Haz un chequeo de expectativas: si las vacaciones destaparon una insatisfacción laboral persistente, puede ser el momento de replantear metas profesionales y límites en el trabajo.


¿Cómo puedo acompañarte como psicóloga?


Si te sientes identificada y el retorno te ha dejado más drenada o ansiosa de lo habitual, trabajar juntas puede facilitar una readaptación rápida y sostenible. Juntas podemos:

  • Mapear las fuentes reales de estrés y vulnerabilidad (incluido el rol del sueño y la rumiación).

  • Diseñar rutinas de sueño y prácticas de desconexión concretas y adaptadas a tu vida profesional.

  • Reestructurar expectativas y establecer límites laborales respetuosos.

  • Implementar estrategias basadas en la evidencia para trabajar en la regulación emocional, rumiación y manejo del estrés, y técnicas de recuperación.


No tienes por qué normalizar que el regreso tras unas vacaciones sea un golpe de energía constante o una tristeza que te acompaña. Saber por qué ocurre (tu biología, tu sueño, la desconexión incompleta) y aplicar estrategias concretas puede transformar ese periodo de adaptación en una oportunidad para cuidar tu salud mental y repensar lo laboral.

 
 
 

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