El arte de establecer límites sin culpa
- Daniela Barona
- 19 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 1 oct 2025
Lo que la psicología y la neurociencia revelan sobre la relación entre autoestima, autenticidad y vínculos sanos.
Muchas mujeres viven atrapadas entre el miedo a ser rechazadas y la necesidad de cuidar sus relaciones, sacrificando su propio bienestar. Aquí es donde entran dos conceptos clave: autoestima y límites.
¿Alguna vez has dicho “sí” cuando en realidad querías decir “no”?
¿Te has quedado callada para no incomodar?
¿O te has sorprendido adaptándote tanto a los demás que apenas reconoces tus propios deseos?
Hablar de límites no es hablar de rechazo, frialdad ni egoísmo. Los límites auténticos nacen de conocerte: saber dónde te duele, qué te agota, qué te importa y qué ya no puedes seguir permitiendo.
Un muro: “No dejo entrar nada ni a nadie, por miedo”.
Límites difusos: “Dejo entrar todo, aunque me haga daño”.
Un límite sano: “Dejo entrar lo que me nutre, y sé cerrar la puerta a lo que me lastima”.
Lo que dice la neurociencia
No se trata solo de “sentirse mejor” con frases bonitas frente al espejo. Nuestro cerebro también juega un papel importante:
Corteza cingulada anterior dorsal: se activa cuando sentimos amenaza al yo y está vinculada a la claridad con la que nos percibimos.
Hipocampo: su volumen se ha relacionado con autoestima y salud física, probablemente por su rol en memoria emocional y regulación del estrés.
Circuitos de recompensa: compartir sobre nosotras mismas (auto-revelación) activa zonas que generan placer. Pero si la autoestima es baja, ese mismo acto activa áreas del “dolor social”, haciendo que abrirnos se sienta como una conducta arriesgada.
Esto explica por qué algunas mujeres sienten que hablar de lo que piensan o necesitan es un campo minado: su cerebro interpreta la auto-revelación como amenaza.
Auto-revelación
Un área poco explorada, pero clave, es cómo la autoestima influye en cuánto y cómo hablamos de nosotras mismas.
Con baja autoestima: nos revelamos poco o de forma insegura (“no sé si esto importa”, “perdón por hablar de mí”). A veces nos sobre-exponemos sin filtro buscando validación.
Con límites claros: compartimos de manera gradual y consciente, sin sentir culpa por hablar de lo que nos pasa. Esto genera reciprocidad y relaciones más auténticas.
Dicho de otra manera: decidir qué compartes y cómo lo compartes también es un límite.
¿Qué pasa con las relaciones cuando pones límites?
Algunas relaciones se desvanecen, porque estaban sostenidas en la conveniencia de que tú cedieras siempre, otras se fortalecen, porque resuenan con tu yo más verdadero. Y llegan relaciones nuevas, alineadas con la persona que eres y no con la que se adaptaba para ser aceptada.
Del trabajo interno a la acción
Reflexionar sobre tus patrones es el primer paso, pero no el único. La teoría sin acción se convierte en parálisis.
La clave está en unir ambos procesos:
Conócete: detecta dónde duele, qué narrativas te hacen ceder, qué miedos te frenan.
Cuestiona tus creencias: ¿realmente molestas por tener necesidades? ¿o es una idea aprendida?
Prueba en pequeño: empieza con límites manejables, en contextos de poco riesgo.
Consolida: a medida que tu voz se fortalezca, avanza hacia límites más firmes y visibles.
Si al leer esto sientes que hablo de ti, quizás es momento de pedir ayuda. No tienes por qué recorrer este camino sola. Tu voz importa, tu espacio importa, y aprender a protegerlos no te aleja de los demás: te acerca a relaciones más reales y a una vida más plena.
Comentarios